Creative Directors: Ayse Bali, Orkun Demirelli, Ufuk Uslu
Copywriter: Serkan Soylem
Art Director: Can Guven
Como he comentado antes, siempre regalo juguetes a mis ahijaditos, sobrinitos e hijos de amigas. En sus cumpleaños, o en Navidad, nada emociona más a un niño que recibir algo con qué jugar. (Seguramente con las mamás la ecuación corre al revés). Pero en lo que respecta a los niños, es seguro: en diciembre y en sus fechas importantes, el regalo de la Nina Macu será un juguete.
Mis picos de compra son fáciles de rastrear: diciembre (Navidad), y luego abril, agosto, septiembre y noviembre (cumpleaños). Si alguien revisa mi historial de compras, verá que desde hace cinco años hago adquisiciones en esas fechas y en el mismo segmento: juguetes.
Hace poco, en agosto, me preguntaron por qué siempre compro en el mismo lugar. La respuesta: todas mis compras de juguetes —navideñas o de cumpleaños— son en Coppel. Ya lo he escrito aquí y lo repito cuando alguien me lo pregunta.
¿Por qué Coppel? (además que de dije hace unos posts que tendrían la llave de mi corazón ajaajaj)
Porque tiene una existencia interesante de juguetes (eso me gusta). Porque no me pierdo entre pasillos infinitos. Porque hay estilos y opciones para todas las edades: bebés, niños, niñas. Porque venden marcas reconocidas, con precios similares a los de otros lugares. Y porque no me desgarro las vestiduras buscando promociones. No gasto tiempo, ni gasolina, ni energía comparando aquí y allá.
También me preguntaron si lo que me atrae son las mensualidades. En realidad no. Suelo liquidar mis compras al mes. —“¿Entonces hay descuento en juguetes?”, me dijeron. —“No. De hecho, rara vez hay descuentos”, contesté.
A raíz de esa conversación, me puse a pensar. Como clienta de Coppel, creo que hay una oportunidad de comunicación que aún no se ha aprovechado. Y creo que no soy la única. Hay otros perfiles como el mío.
Ustedes, Coppel, tienen mi historial. Soy su clienta. Tengo su tarjeta. Ustedes saben más de mí que yo misma: cuánto gasto, en qué meses, qué tipo de productos compro, cuántos triciclos he adquirido (dos años seguidos la misma marca), que este año volveré a comprar un patín del diablo. Toda esa información está en sus archivos. Estoy en sus datos.
Ustedes aumentan mi ticket promedio. Yo obtengo valor inmediato.
¿Qué tal una tarjeta azul Coppel que se pueda programar para usar en el departamento de mi preferencia: juguetes, zapatos, electrónica, etc.? Y que cada compra —o cada abono cumplido— me sume a sorteos, beneficios, puntos. Eso me motiva. Me hablas de tú a tú. Ambos ganamos.
Tienen los datos. Tienen los medios. Tienen la posibilidad de crear valor para el proveedor, para ustedes como tienda, y para mí como clienta. Los nichos ya están ahí. Solo falta encender la conversación.
¿Qué te parece?
Nos vemos pronto, que voy por el regalo de los niños.
Macu. Kitschmacu
🎁 El mejor marketing no es el que habla de descuentos. Es el que entiende los hábitos, escucha al cliente y responde con intención.