
Mientras.
—¿Sonó?
—No.
—¿Escuchaste?
—Mientes.
—Diantres… —entre dientes—
sí escuché.
—¿Cuándo?
—Durante.
Antes
de ti, de mí.
Desde antes.
—¿Sientes?
—Sí.
—¿En ese instante?
—No.
Después.
Macu.Kitschmacu

Mientras.
—¿Sonó?
—No.
—¿Escuchaste?
—Mientes.
—Diantres… —entre dientes—
sí escuché.
—¿Cuándo?
—Durante.
Antes
de ti, de mí.
Desde antes.
—¿Sientes?
—Sí.
—¿En ese instante?
—No.
Después.
Macu.Kitschmacu

—Es lo mismo —dijo.
—Fíjate bien —respondió.
—Te estoy diciendo que es lo mismo —insistió.
—Mira, si te fijas en este lado, vas a ver una manchita roja que el otro no tiene —replicó.
—Oye… —contestó, mientras veía con certeza absoluta la manchita roja que no había notado en el primer vistazo.
—¿Mejor, no? Más bonito.
—Pues sí… pues sí —sonrió al aceptarlo.
Macu.Kitschmacu

Mira, Silvia, es que siento que pasan tantas cosas y nomás no digo nada.
Aquí nomás veo, veo y callo, como dice el dicho.
Luego tú sabes que abre uno la boca y mmmmm…
Ya no sabe uno, así que mira, calladita mejor.
Aunque, Silvia… te diré: callar pesa.
Pesa en el pecho así muy raro; luego ese pesar se va a la cabeza, se va a los ojos.
La mirada ya no es la misma, ¿sabes? Hay como una tristeza, como algo ahí guardado que es de uno, pero no es de uno.
Luego, Silvia, vieras… pesa también un poquito más la sonrisa, pesan las dudas, y así va, de peso en peso, de silencio en silencio, haciéndose uno mismo silencio también.
Pesan y pasan los días, los meses; a veces quiero acordarme de los días que pasaron y vieras que no me acuerdo.
Nomás me acuerdo que el silencio no era tan grande, ni tan pesado, ni tan mi amigo.
Éramos apenas conocidos, Silvia.
De haber sabido.
Macu.Kitschmacu

El texto corto
el acrílico aún húmedo
la gata dormida
el abanico sonando
el aire que corre
la luz en mi espalda
empieza la noche
la planta en la esquina
la pared que sostiene
una botella de agua
el espejo: un mundo
la silla espera
la cama: un portal
Macu.Kitschmacu

Uno siente.
¿Qué siente uno?
Uno a veces siente que siente...
¿Qué será?
¿Será que se siente bonito?
¡Qué bonito se siente sentir!
Macu.Kitschmacu

Samuel,
quiero contarte algo, aunque no sé exactamente qué.
Me levanto con las tres alarmas de siempre.
Antes de que suenen, el celular vibra sobre el buró,
como un insecto atrapado debajo del vidrio.
El trabajo empieza antes que el resto,
como si el día tuviera prisa por empujarme.
Antes me enojaba.
Ahora siento algo que no sé nombrar.
No es tristeza.
No es cansancio.
Es otra cosa.
Me pregunto si así se siente cuando lo importante se va retirando en silencio,
como los clientes de un café al final de la noche.
Veo a todos tan tranquilos, tan ocupados en sus pendientes.
Las luces encendidas, las conversaciones breves,
la normalidad funcionando.
Y yo aquí, detenida, tratando de entender.
A veces pienso que es una etapa.
Otras, que no.
Tal vez debería hablar con Raquel.
Tal vez esto pasa por no decir nada.
Por guardar las palabras como monedas inútiles en el fondo del bolso.
No sé si está bien quedarse callada.
No sé si esto es la vida.
O sólo la mía.
Anoche, antes de dormir,
dejé el celular boca abajo
para que no vibrara sobre mi nombre.
Macu.Kitschmacu

—¿Te fijas, sobrino? El tiempo es un traidor que camina de puntitas. Pasa tan deprisa, fíjate, y pasa como si no quisiera la cosa, como si no pasara nada, que al rato, cuando ya se haya ido del todo, a lo mejor tú ni te vas a acordar de mí, y yo me voy a quedar ahí, hecha un suspiro en tu memoria.
Mira cómo se va el sol, ya le está dejando el campo libre a la luna, y yo aquí, mijo, sintiendo cómo se nos escurren las horas; se van como un chorro de agua con fuerza, de esas que te mojan la cara y no te dejan ni abrir los ojos. ¡Vieras qué ganas me dan a veces! Ganas de que el reloj se quedara parado, así, plantado en las diez de la mañana. Ni muy temprano para las prisas, ni muy tarde para los cansancios... las diez, cuando el sol apenas calienta los huesos y todo se ve tan bonito, tan clarito.
Otras veces, ¿sabes qué quisiera? Que fueran siempre las cuatro de la madrugada. A esa hora el mundo se calla, nadie te busca, nadie te pide nada; es un silencio de azúcar, un silencio bonito de la vida, mientras uno se queda ahí, bien envuelto entre las cobijas, como un tesoro guardado.
Pero no se puede, mijo, de veras que no se puede. Esto va, y va, y no se detiene por nadie.
Macu.Kitschmacu