9:22 p.m. de un martes de julio. Luz tenue. Solo una lámpara para dar atmósfera al espacio. Soñé con Linda Evangelista. Me levanté tarde. Una ducha rápida, pero estructurada. Llegué temprano al trabajo.
Ningún problema real; solo unos veinte, verdaderamente ficticios. De esos que desaparecen al mínimo esfuerzo cognitivo.
De Linda aprendí que conviene levantarse de la cama por $10,000 dólares o más... al día.
De Gertrude, mi gata, aprendo que la cama es grande, pero siempre hay un lado favorito. La intimidad de la cama y el uso adecuado de los datos personales son relativos. ¿Cómo llegó Linda Evangelista si no sabe dónde vivo?
El “No sabe que no sabe” es la frase corporativa, equivalente al proceso de transfiguración de la vaca que está a punto de convertirse en New York Strip Steak. Un nuevo estado superior, más puro, glorioso. De todas formas, terminará hecha mierda.
Linda Evangelista no tiene nada que ver con la vaca. Importante mencionar que ni Linda ni la vaca sufrieron maltrato en la redacción de esta historia.
Ahora bien, si usted sospecha que pudiera estar a punto de convertirse en New York Strip Steak, deseo para usted que lo sirvan término medio y con puré de papa, lo acompañen con espárragos y que no olviden la mantequilla de ajo.
Bon appétit.
Macu.Kitschmacu