Hace unos meses alguien robó del Louvre las joyas históricas de la corona francesa: tiaras, pendientes, collares de zafiro de la reina María Amalia y de la reina Hortensia; esmeraldas y diamantes de la emperatriz María Luisa; y finísimos broches de la emperatriz Eugenia de Montijo.
El martes pasado, alguien robó mi viejo bote de la basura que estaba en la calle: de plástico, negro y con la tapadera abollada, una abolengo que el tiempo había sabido respetar.
Moraleja: La importancia de soñar en grande y otras vicisitudes de la crianza familiar.
Macu.Kitschmacu
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