martes, 11 de noviembre de 2025

En mi casa tenemos una videocasetera Beta

 


En mi casa tenemos una videocasetera Beta, una VHS y aire acondicionado, que prendemos para dormir todos a gusto en el cuarto.

En la sala hay un estéreo donde mi papá pone música por la mañana. También se pueden poner discos —de esos grandes de Rocío Dúrcal— y casetes, de esa música que les gusta a los señores.

Hay una tele en la sala de arriba y dos mecedoras: una para mí y otra para mi hermano. Como la tele es una y siempre nos estábamos peleando por ver cosas diferentes, mi papá dijo que el primero que la prendiera mandaba, y el otro tenía que hacer caso.

En la casa de mi tío tienen una tele con control remoto.

Y mi primo, que vive en otra ciudad, allá puede ver el Canal 5.

Me gustaría vivir allá porque en ese canal siempre pasan caricaturas; no como aquí, que solo se ven dos canales y las pasan un ratito por la tarde.

Cada vez que hay comerciales me gusta bajar y ver qué hay de comer en el refri. A veces me hago un sándwich, a veces me tomo un yogur.

El piso de mi casa es blanco y tiene manchitas grises.

En Navidad quiero que me amanezca el juego ese que vi en la tele, donde hay un tiburón que se mueve y uno tiene que tirar los dados. Cuando lo vea en el súper, le diré a mi mamá.

En mi casa la tele no tiene control remoto: tiene unos botoncitos plateados y delgaditos, a los que hay que picarle para cambiar de canal.

A eso de las cinco de la tarde pasa el señor de los elotes en su bici. A mí me gustan con chile y limón. A veces hay que gritarle para que se pare y nos venda. Es un señor muy amable.

Mi mamá me dijo que hoy, por la tarde, a las cuatro, sale She-Ra en la tele y, luego, He-Man.

Ya quiero aprender a leer, para ver en el periódico lo que va a salir en la tele y las películas del cine.

Macu.Kitschmacu

lunes, 10 de noviembre de 2025

Me gusta la geografía

 


Me gusta la geografía.

Lástima que toca clase hasta el jueves a las once…

¿Por qué le dirán campamocha a la maestra?

A mí me cae muy bien.

¿Será por el pelo alborotado?

¿Será porque es muy flaca?

No sé.

Tampoco sé qué le vio Mauricio a la del segundo “B” para que se la pase platicando con ella cada cambio de clase y en el recreo.

Roberto me gusta, pero sus papás lo van a cambiar de escuela… a un colegio, creo.

“Niños Héroes”, algo así me dijo que se llama la escuela a la que va a ir.

Lástima que ya no lo voy a ver.

Me gustan sus pecas, que se parece a un artista que sale en la tele y que siempre me está contando algo.

Creo que nos llevamos muy bien.

A veces sueño que nos besamos.

Fabiola me preguntó si éramos novios.

Claro que le dije que no, y que yo no tenía tiempo para esas cosas, que ahorita lo que me importa es estudiar y tener un buen promedio.

Hay una canción que está de moda… pero está en inglés.

Aquí la única que sabe inglés en el salón es Lourdes.

Quién como ella, que la tiene fácil; además es muy inteligente.

Su mamá es maestra y le explica las cosas después de clases.

En la tarde necesito ir a la papelería a comprar hojas milimétricas para hacer la tarea de las ecuaciones de la parábola.

¿Venderán de esas en la papelería que está cerca de mi casa?

¿O tendré que ir a la otra, la que está más lejos?

¿Qué habrá hecho de comer mi mamá?

¿Por qué me duele la panza?

Macu.Kitschmacu

domingo, 9 de noviembre de 2025

Manuel, contesta el teléfono.

 


⏱️ Tiempo de lectura: 1 min

☎️ Manuel, contesta el teléfono

“A veces la vida suena más fuerte cuando fingimos que no la escuchamos.” ✨

Manuel, contesta el teléfono.

¡Que lo contestes, te digo!

Si es mi comadre, dile que no estoy…

Pero no le digas que estás solo.

Si es tu papá, dile que me estoy bañando; no quiero hablar con él.

Si es tu tía, dile que le devuelvo la llamada ya que se termine la novela.

Manuel, ¿qué estás haciendo que no vas a contestar?

¡Manuel!...

Si es la señora de las colchas, dile que venga mañana, miércoles, por el abono; ya se lo tengo listo.

¿Manuel, me oyes?

¡Córrele, que ya tiene mucho sonando ese teléfono!

Válgame, Manuel, un timbrido más y me vas a conocer…

¿Número equivocado?

¿Ves? Por eso es mejor que tú contestes.

Macu.Kitschmacu

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domingo, 19 de octubre de 2025

Habrá que reconocer la letra


Compartimos el silencio como si fuera un idioma antiguo que solo nosotros entendemos.

Nos habita la distancia, pero en algún rincón de la memoria seguimos respirando al mismo ritmo.

Tu voz aún roza mi oído en las noches más quietas, y yo le hablo al aire como si el aire supiera devolverte.

El tiempo pasa, claro, pero pasa distinto.

Fuimos vidas paralelas, condenadas a encontrarse solo por instantes: tangentes de memorias que aún arden bajo la piel.

Hemisferios, kilómetros, meses… la geografía de lo imposible.

Nos quedan los recuerdos, esos presentes sin futuro, esos pasados que lo saben todo.

A veces río y escucho mi propia risa, que rebota como el eco, como una casa donde ya nadie vive.

No somos lo que fuimos, ni fuimos lo que recordamos.

Quizá nunca lo seremos.

Pero algo de nosotros sigue ahí, suspendido en el aire que compartimos sin saberlo.

Así pasa la vida: como una carta que viaja sin destino, pero con el corazón entero en el sobre.

Así van las almas, con remitente y destinatarios; viajan en las manos del tiempo, que entrega —en orden perfecto— el contenido del sobre.

Habrá que reconocer la letra.

Macu. Kitschmacu

jueves, 16 de octubre de 2025

Eso es bueno

 

Tiempo de lectura: 3 minutos. 


Eso es bueno,

pensó, mientras alisaba el cuello de su camisa.

Debe de ser una gran camisa.

Tres halagos lleva hoy —ni uno más, ni uno menos—.

La gente se fija en esas cosas cuando no sabe qué decir.

Hay por leer, hay por hacer, hay por mandar.

Hay.

De que hay, hay.

Las teclas suenan como si respirara por ellas.

Piensa en el haber, en el tener.

Rasca su cabeza, buscando algún sueño:

uno de esos que se quedan despiertos,

que laten cuando el cuerpo se sienta,

que todavía aceleran el corazón.

Pero no hay ninguno.

A lo lejos (ni tanto), los teneres y haberes de otros suenan como monedas ajenas.

Allá también hay.

Se toca la nariz, los ojos.

Pregunta si todavía le pertenecen.

Frota las manos, entrelaza los dedos.

La calidez le responde que sí.

Levanta la vista, la baja.

Conversaciones que no son suyas rozan su presencia.

A la izquierda, a la derecha, palabras sin dueño,

todas cayendo sobre la vida como lo hacen los recuerdos que todo lo cubren. 

Con el índice toca sus labios.

No dicen nada.

Un picor en el hombro derecho.

Por encima de la camisa.

Por debajo de la camisa.

Ni el picor ni el silencio ceden.

Una voz de hombre.

Otra de mujer.

Ríen.

Él sonríe apenas, escucha.

La nariz otra vez.

Los dedos otra vez.

Un bólido humano pasa.

Pasó.

Se fue.

La mano va al pecho,

la misma sube a los labios.

Su camisa sí es bonita.

Y eso —por hoy— basta.

Macu.Kitschmacu

miércoles, 15 de octubre de 2025

El aire, querido aire


El aire, querido aire - Kitschmacu

Tiempo de lectura: 4 minutos

El aire siempre ha estado ahí, como un amante fiel que no exige nada y, sin embargo, lo da todo. Invisible, se desliza por la casa como un infante curioso: levanta los manteles, acaricia los rostros, juguetea con las cortinas. A veces entra con furia, como si viniera a sacudir la quietud; otras, apenas roza, tímido, los cabellos de quien se asoma a la ventana. A nadie le pide permiso. Él llega, toca, y se va. Nos sostiene sin hacer ruido. Nos abraza cuando olvidamos que seguimos vivos.

Dicen que el aire es de todos, pero no es verdad. Pertenece a los que aún saben respirarlo con gratitud, a los que cierran los ojos y lo sienten recorrer el cuerpo como una promesa. El aire no se deja poseer; se ofrece, y si uno sabe recibirlo, deja dentro una especie de claridad y sosiego.

Cuando se enamora, el aire se calienta. Se vuelve suspiro, palabra, gemido. Se filtra entre los labios de los amantes y los vuelve dioses por un instante. Tiene la decencia de retirarse antes de que llegue el olvido, pero se queda un poco, suspendido en el recuerdo, como un perfume.

Los artistas lo invocan sin decir su nombre. Le piden que sople en los huecos de las flautas, que guíe las manos sobre el lienzo, que infle las palabras hasta hacerlas latir. Porque el aire también escribe, narra en voz baja, aquello que alguien más transcribe con pluma, con su letra, con su puño. Es el autor invisible de todo lo que respiramos con el alma.

A veces, el aire traiciona: falta, se espesa, duele. El corredor lo sabe cuando el pecho se cierra y el cuerpo suplica una bocanada más. Solo un poco más porque se avecina la meta. Pero incluso entonces, el aire vuelve. Siempre vuelve.

Aire, querido aire.

Has sido testigo de los besos, los gritos, los rezos y las despedidas. Nos habitas, nos das forma, nos devuelves al mundo cada mañana. Sostienes nuestro sueño por la noche, calmo, sosegado, acompañándonos cuando visitamos las estrellas.

Aire, querido aire.

Y cuando nos vayamos, seguirás moviendo el polvo de nuestras historias, con la paciencia de los elementos que nunca mueren.

Macu.Kitschmacu

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domingo, 12 de octubre de 2025

El viento: lo invisible que toca y se va

El viento - Kitschmacu

⏱ Tiempo de lectura: 1 minuto.

El viento

¿De dónde viene el viento que juega con las plantas del jardín?

Llega suave, las abraza y las mece, como lo hacen quienes aman y recién se encuentran.

Llega el viento y acaricia mi piel, revuelve mi cabello, refresca mi piel y sacude mis ideas.

Llega acompañado de lluvia, de gotas que hoy están aquí, pero que mañana se elevarán y viajarán junto con su amigo, el viento, a otro lugar, a otra ciudad, a otro punto en el espacio donde tal vez realicen el mismo acto de vida que hicieron en mi jardín.

Acto perpetuo y plausible, calmo y vigoroso.

Llega el viento, la vida, la lluvia, el tiempo. Llega, juega, sonríe, y tan libre como llega se va.

Viaja a tocar tu piel, jugar con tu pelo, revolver tus ideas y a hacerte sonreír.

El viento.

Macu. Kitschmacu

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