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lunes, 19 de enero de 2026

Viernes a las siete

 


—¿Segura que quieres invitar a los compadres a cenar el viernes?

—Sí… ¿por qué no?

—A ver, Brenda, tú sabes que Pepe es mi amigo desde la prepa, pero eso no quiere decir que me caiga bien del todo. Es buena gente y todo eso, pero desde que se siente tocado por los dioses en la chamba está inamamable.

El otro día, en su despacho —ya ves que fui porque me está ayudando a revisar los contratos del sindicato—, se la pasó contándome de su colección de perfumes. Que más de 300 mil pesos en perfumes. O sea, Brenda… tampoco es como que él y la comadre tengan vida de millonarios. Tú sabes.

—¡Iiiiiii! ¿Apoco eso te contó?

—Sí, ¿no te había dicho?

Y pues, la verdad, Brenda, no estoy de humor para estar oyendo esas mamadas.

—Mira, Rodrigo, ¿qué son tres horas? O sea, que vengan a la casa, cenamos, vinito, platicamos los cuatro y nos la pasamos bien.

Hace como tres meses que no los vemos. Vi a la comadre en el súper hace como una semana y la vi muy normal, simpática… bueno, con la misma ropa de hace como cinco años y su mismo peinadito de hace como veinte… No sé cómo te dice el compadre que su colección de seiscientos mil pesos.

—Trescientos, Brenda. Trescientos.

—Bueno, lo que sea. Yo la vi muy normalita, hasta jodidona un poquito.

—¿Entonces?

—Pásame el control, ya se acabó el programa.

—¿Viernes a las siete? Pido del asiático que te gusta.


Macu.Kitschmacu

jueves, 15 de enero de 2026

¿Y cuándo se ven o qué?

 

—¿Qué hiciste, qué?… no puedo creerlo. Nada más a ti se te ocurren esas cosas.

—¿Y ahora qué vas a hacer?

—N’ombre… ¿cómo así?

—Te digo que nada más a ti se te ocurre eso.

—Oye, pero a ver… pensándolo bien, no estuvo tan mal. Digo, pero a ver cómo se lo toma.

—¿Y cuándo se ven o qué?

Macu.Kitschmacu

miércoles, 14 de enero de 2026

Desayuno de domingo


—Buenas, me da dos con todo.
Uno de tripa y el otro de asada, dorados, porfa.
Sí, con cebolla está bien.

Oye, y me das también una Coca, de las de vidrio, y un vasito con hielo.
Te encargo también un tenedor…
y de la salsita esa que ponen en la vasijita chiquita.

Ándale, de esa.

Mmm… no pusieron salsa de la roja.

Oye, te encargo salsa roja y cebolla curtida de pasada.
Ándale, sí, gracias.

Macu.Kitschmacu

martes, 13 de enero de 2026

Media hora buscándote

 

—¿Dónde dejaste las llaves del carro?
—Arriba de la mesa, creo. No sé, creo que ahí. A ver, revisa.

—Mmm… no, no están. Pero ya llegó el recibo de la luz. O sea, tengo media hora buscando esas llaves y no las encuentro. Siempre haces lo mismo. No sabes dónde dejas las cosas y cuando las necesito, soy yo el que se chinga.

—¿Qué dices?… no te escuché.

—Me lleva la chingada contigo.

Macu.Kitschmacu


lunes, 12 de enero de 2026

Cómo aprendimos a caminar con zapatos prestados

 

Pensaba ella que tenía muchas cosas que contar.
Pero para contar, primero, había que escuchar.

Escuchó.

Escuchó cómo el ser humano se conjuga a sí mismo
en verbos cansados,
en pasados que no se sueltan,
en oraciones que siempre terminan en yo.

La broma pasó frente a ella
con sonrisa prestada.
Vista de cerca, con el bisturí del oído,
no era broma:
era una herida pequeña
lanzada contra el amigo que también es enemigo.
Cosa de trincheras.

Luego vino el consejo.
Ese animal tímido que parece amor
y en realidad es miedo.
A fulanito le pasó lo mismo, dicen.
Haz lo mismo.
Y uno empieza a caminar una vida que no pidió,
con pasos ajenos,
con zapatos prestados.

Fulano y el aconsejado no se conocen.
Pero ya se heredan el destino.

Cosa de rutas seguras.

En las reuniones,
cada quien deja su dolor sobre la mesa
como quien deja el abrigo.
El jefe, la pareja, la ausencia,
los padres, los hijos,
los amigos que ya no están.

Se conversa el dolor.
Se brinda con él.
Se le canta.

Uno llega con un miedo.
Se va con cinco.

Y en medio queda la amistad,
temblando,
sin saber si une
o simplemente acompaña a los miedos.

Macu.Kitschmacu

viernes, 19 de diciembre de 2025

El brevísimo arte de volver

 Suena un rap al fondo.

O algo que se le parece.
Nunca he sido buena para reconocer músicas; siempre me ha parecido que los instrumentos se disfrazan entre ellos.
Un clavicordio, una flauta dulce… ¿Quién puede saber?
Con los colores es distinto.
Ellos sí dicen la verdad.
Ellos no necesitan presentarse: uno los mira y entiende, aunque se parezcan, aunque brillen demasiado.

Pienso en eso mientras espero que den las ocho.
Hace frío y las luces navideñas hacen que la calle 42 respire distinto, como si quisiera sacudirse las prisas de todo el año.
La miro desde la ventana y me acuerdo de nosotros.
De cómo nos conocimos con esa torpeza bonita de las primeras veces.
De cómo nos fuimos olvidando, cada quien de a poquito, hasta que un día ya no nos reconocimos ni por la sombra.
Dos extraños unidos por el mismo miedo:
el miedo a que la soledad en compañía fuera la única forma posible de amor.

Qué locura cuando lo veo ahora.
Qué ilusión tan grande confundir eso con querer.

El camino de vuelta siempre es raro.
Al principio parece corto, pero pesa.
Después uno mira alrededor y siente que todos avanzan más rápido, más seguros, más felices, como si supieran adónde van y con quién.
Yo no.
Yo sólo sé que al final de cualquier distancia debería esperarnos la paz; una paz chiquita, tibia, de esas que caben en el hueco de la mano.

Pero, esa tibieza que empezó chiquita, luego va creciendo hasta ser tan suave, mullida y cómoda como una cobija invernal. Así es la paz creo. 

Son las ocho con veinticinco.
Escribo la hora como quien deja constancia de que estuvo aquí, aunque nadie pregunte.
Siempre escribo las horas… quizá para guiarme.

Afuera sigue haciendo frío.
Las luces titilan como si me hablaran bajito.
Y yo me pregunto —sin saber por qué— qué estaría haciendo este mismo día, a esta misma hora, el año pasado.
Y el otro.
Y hace veintisiete años.

Pienso si aquella versión de mí podría decirme algo.
Algo sencillo, algo que sepa con certeza.
Algo que me haga entender que  el corazón llega siempre a sus propias verdades.

Las propias, las únicas, las personales universales. 

En mi universo que soy yo. 

Macu.Kitschmacu. 


domingo, 19 de octubre de 2025

Habrá que reconocer la letra


Compartimos el silencio como si fuera un idioma antiguo que solo nosotros entendemos.

Nos habita la distancia, pero en algún rincón de la memoria seguimos respirando al mismo ritmo.

Tu voz aún roza mi oído en las noches más quietas, y yo le hablo al aire como si el aire supiera devolverte.

El tiempo pasa, claro, pero pasa distinto.

Fuimos vidas paralelas, condenadas a encontrarse solo por instantes: tangentes de memorias que aún arden bajo la piel.

Hemisferios, kilómetros, meses… la geografía de lo imposible.

Nos quedan los recuerdos, esos presentes sin futuro, esos pasados que lo saben todo.

A veces río y escucho mi propia risa, que rebota como el eco, como una casa donde ya nadie vive.

No somos lo que fuimos, ni fuimos lo que recordamos.

Quizá nunca lo seremos.

Pero algo de nosotros sigue ahí, suspendido en el aire que compartimos sin saberlo.

Así pasa la vida: como una carta que viaja sin destino, pero con el corazón entero en el sobre.

Así van las almas, con remitente y destinatarios; viajan en las manos del tiempo, que entrega —en orden perfecto— el contenido del sobre.

Habrá que reconocer la letra.

Macu. Kitschmacu

lunes, 4 de agosto de 2025

Hoy toca realismo: entre libros pendientes y cajones por ordenar

Hoy toca realismo

Iba a subir una lista de libros y pelis que me acompañaron el fin de semana, pero acontece que tengo ropa que doblar y cosas que acomodar.

Hoy, los menesteres de la adultez exigen su lugar: cajones por ordenar, sábanas por doblar, y un poco de reacomodo de la presencia doméstica en este hogar que se me quedó en pausa desde el viernes.

Luego hablamos de arte, hoy toca realismo.

🕯 Macu.Kitschmacu

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