Mostrando entradas con la etiqueta microcuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta microcuento. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Belisario

 


Belisario tiene nombre de revolucionario. 

Herencia de su abuelo y del abuelo de su abuelo, a quien claramente nunca conoció. 

Belisario duerme boca abajo, con la cabeza ladeada a la izquierda, y una almohada encima. 

Belisario siempre sueña y recuerda sus sueños, que son relativamente tranquilos y lo suficientemente ordinarios para repasarlos de buen agrado en la mañana. 

La mañana empieza temprano, muy de mañana con el repiqueteo del teléfono que está sobre su mesita de noche. 

Desde muy temprano piensa en la noche, esa que nunca alcanza para dormir y descansar. Piensa en que se sentirá despertar, así nomás sin repiqueteos, sin la carrera diaria con las manecillas del reloj. 

El reloj, la marca, la carrera y la meta. 

De pie, frente al espejo, de su baño endereza sus mechones de cabello. Todo y nada que un poco de agua, peine y fijador no coloquen en el lugar adecuado. 

Belisario es un hombre atractivo, de esos con los que una tiene ganas de hacer el amor cuando lo ve vestido.

Camisa blanca impecable, botonadura,  pantalón con pinzas, calzado de cuero lustrosísimo. Con su bonita voz de hombre. 

Belisario el enigmático. Al que la vida lo hizo y lo hizo posiblemente muy bien. 

El trabajo, ese que llamó desde temprano. Detrás de su mueble de madera,  imponente. Despacha, decide, acuerda, compromete. 

Una tras otra pasan las horas, las personas, las decisiones, las conversaciones. 

Belisario el solitario. 

La fatiga de encontrarse siempre a los mismos hombres, las mismas mujeres, las mismas frases, que termina por no querer conocer ni a uno más. Si te juntas con pendejos, al rato andas diciendo pendejadas.  

El día se repliega. La camisa sigue blanca. El calzado, en silencio.

Belisario el correcto. No necesitas ser perfecto, con no equivocarte basta.

De vuelta al inicio, al nombre, al espacio conocido, a la cama, a ese  mueble divino donde la gente no puede ocultar cómo es. 

Belisario es. 

Macu.Kitschmacu.

jueves, 13 de noviembre de 2025

Qué hacer cuando la nostalgia se antoja a chocolate Toblerone (guía breve)


 

⏱️ 1 min de lectura

Instrucciones para abrir un Toblerone cuando la nostalgia te pique

1. Rompe un triángulo, aunque no sea el más perfecto.

2. Muérdelo por la esquina, como si ese fuera el orden natural.

3. No pienses en la persona que te regaló el primero.

4. O sí. A veces se vale.

5. Recuerda que la nostalgia no engorda, pero sí aprieta.

6. Termínatelo con calma. Saboréalo. 

7. Y cuando acabes, piensa si el antojo era chocolate…
o un abrazo que no llegó.

Macu.Kitschmacu

✨ “A veces la dulzura que buscamos no está en el chocolate, sino en lo que nos recordó.” ✨
🍫 Más historias para antojos emocionales:
Explora mis textos, objetos, bueno recuerdos y pequeñas escenas que también hacen ruido.
📣 Compartir:

🔵 Facebook 🐦 X 💼 LinkedIn 💬 WhatsApp 📨 Telegram
📸 Para compartir en Instagram: toma screenshot y etiqueta @kitschmacu.