—¿Segura que quieres invitar a los compadres a cenar el viernes?
—Sí… ¿por qué no?
—A ver, Brenda, tú sabes que Pepe es mi amigo desde la prepa, pero eso no quiere decir que me caiga bien del todo. Es buena gente y todo eso, pero desde que se siente tocado por los dioses en la chamba está inamamable.
El otro día, en su despacho —ya ves que fui porque me está ayudando a revisar los contratos del sindicato—, se la pasó contándome de su colección de perfumes. Que más de 300 mil pesos en perfumes. O sea, Brenda… tampoco es como que él y la comadre tengan vida de millonarios. Tú sabes.
—¡Iiiiiii! ¿Apoco eso te contó?
—Sí, ¿no te había dicho?
Y pues, la verdad, Brenda, no estoy de humor para estar oyendo esas mamadas.
—Mira, Rodrigo, ¿qué son tres horas? O sea, que vengan a la casa, cenamos, vinito, platicamos los cuatro y nos la pasamos bien.
Hace como tres meses que no los vemos. Vi a la comadre en el súper hace como una semana y la vi muy normal, simpática… bueno, con la misma ropa de hace como cinco años y su mismo peinadito de hace como veinte… No sé cómo te dice el compadre que su colección de seiscientos mil pesos.
—Trescientos, Brenda. Trescientos.
—Bueno, lo que sea. Yo la vi muy normalita, hasta jodidona un poquito.
—¿Entonces?
—Pásame el control, ya se acabó el programa.
—¿Viernes a las siete? Pido del asiático que te gusta.
Macu.Kitschmacu






